Al ver las semifinales del último Pro Tour de Eslovenia, queda claro que China domina ampliamente sin contrincante alguno, no obstante al retroceder una ronda, en cuartos de final se puede apreciar otro fenómeno de la última década en el tenis de mesa; los ocho representantes son asiáticos. ¿En qué momento desaparecieron los gigantes europeos? ¿Dónde quedaron esas campañas gloriosas de suecos, belgas, franceses, alemanes, etc.? Es verdad, el actual número uno del mundo es Timo Boll, pero también es cierto que los chinos que le pisan los talones en el ranking mundial no participan ni en la mitad de torneos que Boll, además las estadísticas son más duras si comparamos las victoria y derrotas frente a jugadores chinos durante su carrera. Hoy recordaremos algunos de los mejores momentos de Europa y el despegue chino-asiático.
El actual número uno del mundo, el buen Timo, tiene una deuda pendiente con sus seguidores: nunca ganó un título grande (Juegos Olímpicos o Mundial), incluso nunca se metió entre los 4 mejores de ninguno de estos. Atrás quedó la década dorada de los 90 para Europa, en la cual Waldner, Persson, Gatien, Saive, Rosskopf se encargaron de ensombrecer a una China llena de jugadores entregados al deporte y fervientes seguidores. Jan-Ove Waldner inició el camino en el Mundial de Nueva Delhi 1989 al ganarle la final a su compatriota Jorgen Persson, dos años después se repetía la final, pero el nuevo campeón sería el grande de cabellos rubios ensortijados. En 1992, Waldner arrasó en los Juegos Olímpicos de Barcelona al vencer sin ceder un set en la final a Jean Philippe Gatien, sin embargo unos meses después la revancha del francés llegaría en el mundial de Gothenburg y proclamarse el nuevo monarca del tenis de mesa.
Los títulos europeos no solo llegaban individualmente, Suecia se encargó de desprender lágrimas a los fanáticos chinos, convirtiéndose en el más ganador de la década de los 90, incluso siendo veteranos los héroes Waldner y Persson lograron adjudicarse con el título mundial del 2000 venciendo a jugadores a los cuales les doblaban la edad. En dobles, también aparecieron campeones como Appelgren-Carlsson en 1985, Rosskopf-Fetzner en 1989 y Karlsson-Von Scheele en 1991. Sin duda, una promoción de jugadores que finalizó con el batacazo del 2003 en Paris, donde el austriaco Werner Schlager se coronó con el máximo galardón del tenis de mesa.
¿Cuándo China decidió dar vuelta a la página y replantear el sistema? Después del fracaso del 2003, Liu Gouliang (campeón olímpico en Atlanta 96 y campeón mundial en 1999) decide asumir la dirección técnica de la selección masculina de su país, en una entrevista de ese año sentenció: “Es momento de que la nueva generación de jóvenes chinos tome el lugar que se merecen, llegó la hora de Wang Liqin y Ma Lin”. Los resultados fueron avasalladores, ni siquiera el fracaso en Atenas 2004 impidió que Liu impusiera su forma de trabajo, desde Shanghai 2005 en adelante China arrasaba con torneo importante que se le ponía en frente. Wang Liqin llegó a ganar su tercer título mundial en el 2007 y Ma Lin logró el oro olímpico en Beijing 2008, todo lo demás es historia conocida. Lo cierto es que el éxito no es resultado de la coincidencia, aquí hay un trabajo de años del cual tenemos mucho que aprender.


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