
Cuando aún me iniciaba en el tenis de mesa, mi madre siempre me decía que lo más importante al competir no es ganar, sino disfrutarlo; claro que dentro de mi inocencia pensaba solo en ganar. Poco a poco con el tiempo he confirmado que lo primordial no es el triunfo, tal vez disfrutarlo, pero considero que lo más importante en cualquier deporte es demostrar una verdadera disciplina, respeto y amor por lo que haces. Como muchos ya saben nuestra mejor raqueta y amigo mío, Bryan Blas ha conseguido la oportunidad de su vida, jugará en Alemania, una de las ligas más competitivas del mundo. Por ello, quiero dedicar las siguientes líneas al que considero el verdadero número uno en todo lo que implica ser un tenimesista.
Allá por el verano del año 2000, el tenis de mesa en mi colegio María Reyna había cerrado y mi entrenador Juan Macedo me invitó a la academia de la federación. Por aquella época tuve la oportunidad de ser entrenado por “el Teacher”, importante formador de jóvenes promesas, también entrené junto a sus pupilos del CEDE, entre ellos Gustavo Flores, Raúl Hinostroza, los hermanos Alan y Bryan Blas, etc. Después, los más destacados de la academia ascendimos a pre-selección nacional al mando de Gong Bahua y Juan Macedo. Fue una época memorable, donde junto a los hermanos Blas compartimos grandes momentos. Quién diría en ese momento que en algún futuro llegaríamos a viajar juntos como número 1 y 2 de Perú, quién diría que sería el compañero con el que jugaría a su lado toda mi carrera. Sin embargo, ahora quién diría que ha llegado el momento de despedirme de él.
Aquel año 2000, jugamos un par de torneos como pareja de dobles, entrenamos todo el año en la federación, corríamos 7 vueltas al estadio todas las noches, sin duda fueron meses muy duros que en el futuro darían sus frutos. Al año siguiente, al fin logramos el primer objetivo, entramos a la selección. El Sudamericano fue en el coliseo del colegio La Salle, además conseguimos la primera medalla a nivel selección, la primera de muchas que vendrían. Hasta ese momento, jugábamos a demostrar que éramos mejores, es decir a ganar. Aún no concebíamos la verdadera dimensión de lo que representa un deportista. Por diversos motivos, el deporte peruano atravesó una de sus mayores crisis durante el gobierno de Toledo, el tenis de mesa prácticamente había tocado fondo en cuanto a presupuesto; como consecuencia llegaron los retiros de Martín Salcedo y Bryan Blas.
Posteriormente, apareció el Lima Club patrocinado por el Sr. Villanueva, decidido a apoyar al deporte que jugaba su hijo, el deporte que había sido golpeado tan duramente por el gobierno. Rescató a talentosos como Carlos Ángeles, Martin y Bryan. En el 2004, pasé a las líneas del club por invitación, junto a Andrés Yi, Frankz Kästner y Gerardo Sánchez. A partir de ahí, creo que entendimos los sacrificios que un deportista debe tener si quiere llegar a algo. Para cada viaje, jugábamos rankings internos muy reñidos, como diría Javier González por esos años, nos dejábamos la piel en cada partido. Incluso las reglas eran muy estrictas en cuanto a los viajes de la selección, casi siempre entre nosotros estaban las primeras plazas de los selectivos.
De ahí en adelante, la historia se tornó dura a nivel internacional, los deportistas se venían preparando con presupuestos inmensos, siempre perseguimos la medalla de oro, pero solo llegábamos a pisar podio y una solitaria presea dorada reciente en Ecuador. Sin embargo puedo asegurar que cada partido que jugamos por el Perú nos entregamos íntegros. Y si me preguntaran si valió la pena los sacrificios que hicimos como jóvenes, que si retrocedería el tiempo, que si cambiaría de vida, pues la respuesta la encontré con cada abrazo, grito, celebración de lo que nos tocó ganar. En realidad, casi todos junto a Bryan, un jugador con un potencial en talento como pocos, una técnica envidiable y según Peter Karlsson, estéticamente la mejor izquierda que haya visto. Ha sido un honor ser tu compañero de equipo durante 10 años y si algunos problemas extradeportivos nos hayan quitado la oportunidad de representar a nuestro querido Perú, no descansaré hasta volverlo a hacer. Hasta pronto amigo mío.
